Cada
sábado, es un trajín muy complicado para el estudiante universitario, máxime los
estudiantes del Centro Universitario de Quiché, con sede en el municipio de
Zacualpa. Observando el accionar de los estudiantes y platicando con alguno de
ellos, pude constatar que el día de cada uno inicia desde muy temprano, ya que algunos
deben de madrugar, levantándose a las 4 de la mañana, para cumplir los
quehaceres del hogar o actividades pendientes en el trabajo, otros por el
contrario, solteros por cierto, únicamente deben de esforzarse por levantarse
un poco temprano para poder hacer la lucha de llegar a las 7 de la mañana a la
universidad. Ya iniciando la jornada de estudio como de costumbre, se puede
observar diversidad de actitudes entre los estudiantes, algunos responsables
sin importar los compromisos que tengan que solventar, entregando sus tareas al
día, otros haciendo la lucha de medio terminar las tareas asignadas por los
facilitadores y lo que no puede faltar, personas que dejan todo a última hora,
evidenciando con ello, su total irresponsabilidad al momento de cumplir con sus
actividades académicas. En fin, cada quién luchando por cumplir con lo
solicitado por los facilitadores, con el objetivo de obtener una nota aceptable
y con ello poder aprobar los cursos sin ningún inconveniente.
Como
docentes universitarios, debemos ser conscientes de esta realidad y si no, es
momento de hacerlo, momento de hacer conciencia de la carga académica y
familiar que cada estudiante tiene que solventar semana a semana, motivo por el
cual, debemos ser prácticos al designar alguna actividad, ya que se debe
priorizar y no saturar de tareas, comprender que dicho estudiante cursa un
total de cinco áreas, lo cual hace complejo el proceso de formación del mismo y
en cada una de esas asignaturas, debe cumplir con tareas, que reuniéndolas todas,
se torna complejo cumplirlas a cabalidad en un lapso de una semana. Si
asignamos tareas, ¡por favor!, seamos conscientes y analicemos si realmente
vale la pena que el estudiante la realice, pero, si únicamente la asignamos
para cumplir con la acumulación de la respectiva zona, mejor obviémosla.
En
conclusión, prioricemos en cuanto a asignación de tareas se refiere, para
luego, designar al estudiante, lo que realmente se merece, según el esfuerzo
que cada uno de ellos dedica a cada una de las tareas desarrolladas. El proceso
de evaluación debe ser consciente, para ello, se debe actuar con la responsabilidad
necesaria, ya que el estudiante demanda de todo facilitador, entrega total en cuanto
a planificación, revisión y asignación de punteos, referente a las tareas
solicitadas. Ser docente no es fácil, pero al que le gusta y apasiona dicha
profesión, considero que realizará lo expuesto en este blog y mucho más. Así
que, a seguir adelante, esforzándonos día con día, luchando por mejorar nuestro
accionar, no importando en qué porcentaje, lo importante, es avanzar, aunque
sea mínimamente, pero que realmente lo hagamos y no únicamente que se quede en
la frase que dice “algún día lo haré”, ya que ese lo haré, siempre se estará
posponiendo.
