viernes, 28 de septiembre de 2018

Realidad del estudiante andragógico en nuestros días.


Cada sábado, es un trajín muy complicado para el estudiante universitario, máxime los estudiantes del Centro Universitario de Quiché, con sede en el municipio de Zacualpa. Observando el accionar de los estudiantes y platicando con alguno de ellos, pude constatar que el día de cada uno inicia desde muy temprano, ya que algunos deben de madrugar, levantándose a las 4 de la mañana, para cumplir los quehaceres del hogar o actividades pendientes en el trabajo, otros por el contrario, solteros por cierto, únicamente deben de esforzarse por levantarse un poco temprano para poder hacer la lucha de llegar a las 7 de la mañana a la universidad. Ya iniciando la jornada de estudio como de costumbre, se puede observar diversidad de actitudes entre los estudiantes, algunos responsables sin importar los compromisos que tengan que solventar, entregando sus tareas al día, otros haciendo la lucha de medio terminar las tareas asignadas por los facilitadores y lo que no puede faltar, personas que dejan todo a última hora, evidenciando con ello, su total irresponsabilidad al momento de cumplir con sus actividades académicas. En fin, cada quién luchando por cumplir con lo solicitado por los facilitadores, con el objetivo de obtener una nota aceptable y con ello poder aprobar los cursos sin ningún inconveniente.

Como docentes universitarios, debemos ser conscientes de esta realidad y si no, es momento de hacerlo, momento de hacer conciencia de la carga académica y familiar que cada estudiante tiene que solventar semana a semana, motivo por el cual, debemos ser prácticos al designar alguna actividad, ya que se debe priorizar y no saturar de tareas, comprender que dicho estudiante cursa un total de cinco áreas, lo cual hace complejo el proceso de formación del mismo y en cada una de esas asignaturas, debe cumplir con tareas, que reuniéndolas todas, se torna complejo cumplirlas a cabalidad en un lapso de una semana. Si asignamos tareas, ¡por favor!, seamos conscientes y analicemos si realmente vale la pena que el estudiante la realice, pero, si únicamente la asignamos para cumplir con la acumulación de la respectiva zona, mejor obviémosla.

En conclusión, prioricemos en cuanto a asignación de tareas se refiere, para luego, designar al estudiante, lo que realmente se merece, según el esfuerzo que cada uno de ellos dedica a cada una de las tareas desarrolladas. El proceso de evaluación debe ser consciente, para ello, se debe actuar con la responsabilidad necesaria, ya que el estudiante demanda de todo facilitador, entrega total en cuanto a planificación, revisión y asignación de punteos, referente a las tareas solicitadas. Ser docente no es fácil, pero al que le gusta y apasiona dicha profesión, considero que realizará lo expuesto en este blog y mucho más. Así que, a seguir adelante, esforzándonos día con día, luchando por mejorar nuestro accionar, no importando en qué porcentaje, lo importante, es avanzar, aunque sea mínimamente, pero que realmente lo hagamos y no únicamente que se quede en la frase que dice “algún día lo haré”, ya que ese lo haré, siempre se estará posponiendo.

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